Memorias de Guantánamo en su propia voz

Guantánamo, ciudad que crece entre ríos
Guantánamo, ciudad que crece entre ríos

Soy Guantánamo, la tierra entre ríos cuya historia entreteje encuentros con taínos y colonos, franceses y africanos, chinos y antillanos. La mezcla de mi gente la distingue como seres únicos de Cuba cuyos matices se desdoblan entre la humildad y el arrojo, la pasión y la alegría, el humor y la solidaridad. Hoy, cuando mi almanaque anuncia la nueva edad, te quiero contar mi crónica.

Alrededor de mí rivalizan los poderes naturales, pues por un lado cedo visita a las mayores lluvias, por otro, muestro un rostro semidesértico.

Toda esta riqueza atrajo el interés por hacer sonreír mi terruño fértil con cacao, caña y café, frutos que deparan buen caudal y cautivan por su sabrosura.

He visto cada época pasar por la cola de este caimán cubano durante 145 años. Serví al indio que bailaba y agradecía la majestuosidad de mis paisajes, sufrí cuando los españoles azotaban a los africanos y humillaban a mis hijos; por eso los cobijé en mis montañas para que pugnaran por su libertad.

Me enorgullece ser parte de una historia de conquistas, de que mi familia sepa empinarse y asegurar su lugar y sueños. Todo ello me late adentro, junto a nombres como Pedro Agustín Pérez con su ansia eterna de librarme de penas, los ahijados Martí, Gómez y Maceo, quienes usaron mis costas en funciones independentistas.

Guardo cada foto de hijos salvadores, clandestinos, rebeldes, de todos los que me amaron tanto y murieron por expulsar los demonios que me atormentaban, de cada guantanamero que regaló a su tierra la gloria de tiempos de mayor paz y crecimiento.

Desde esa victoria de revolución, el amor palpita en mi pecho, me inclino para ayudar a los hijos viejos y a los nuevos que tornan a Guantánamo más fructífera y diligente.

¿Sabes que las aguas y el rico sabor de mi chocolate y bacanes, bendicen a mi gente? Las tornan rítmicas y creadoras. Me dicen cuna del son y el Changüí. Soy además el sello de versatilidad danzaria con compañías que hacen girar las miradas de Cuba y el mundo.

A mis mujeres, le dedicaron una de las canciones más famosas del mundo: La guantanamera.

Muchos son los nombres, hazañas y obras que me realzan.

Ahora mi gente se apresta a celebrar mi nuevo cumpleaños, me pinta y rejuvenece. Mientras, acumulo más sueños. Pido al vecino devolver lo que no le pertenece, mi pedazo de bahía. Aspiro a que mi pueblo sea más virtuoso emprendedor y amigo.

Yo, Guantánamo, quiero la salud y prosperidad hacia un despertar económico, el coraje que frene a los personajes destructivos, la apertura a mentes que cambien lo que debe ser cambiado. Hoy, en agradecimiento a la gran familia, repito las palabras de quien preside mi país y les digo a todos: “Guantanameros y guantanameras, los llevo en el corazón”.

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