La dicha de un embarazo

Con 38 años logra la dicha de un embarazo
Con 38 años logra la dicha de un embarazo

Hace pocos días conocí a una guantanamera que irradiaba felicidad en su mirada y ademanes. Estaba hospitalizada en la mayor institución de salud de Guantánamo. Ustedes se preguntarán cómo es posible ese sentimiento en medio de un ingreso. Ahora les cuento…

Grisell Fajardo Pons, así se nombra, tiene 38 años. Desde muy joven dedica los días al cuidado de sus padres y a llevar con armonía un matrimonio de tres lustros. En silencio se abatía por no lograr un embarazo pero cedía su tiempo a responsabilidades domésticas para no pensar en un asunto cargado de miedos y dudas. En casa el tema no se tocaba, y cuando alguna persona preguntaba si tendría hijos, Grisell sonreía y decía que más adelante.

Su única confidente, una vecina de esas que se vuelven hermanas, la convenció de asistir a una consulta para parejas infértiles y aunque estaba en la edad límite de ese tipo de asistencia ante los riesgos que se derivan de un embarazo luego de los 35 años, el médico decidió realizarle estudios.

“Me hice todos los análisis y el médico dijo que todo estaba bien y ahí me dije: Tengo una esperanza”

Durante tres años Grisell y su esposo se realizaron diferentes análisis de sangre para valorar comportamientos hormonales, espermatogramas que evidenciaban la calidad del semen, ultrasonidos y la temida histerosalpingografía, prueba molesta para la mujer que permite visualizar mediante rayos X  el estado de las trompas de Falopio pues cuando hay obstrucción impiden un embarazo.

El diagnóstico arrojó la necesidad de atención médica desde el servicio de Urología a Alfredo, pareja de Grisell, quien no dudó en curar sus males para lograr el sueño de la paternidad con su esposa.

Para ella fue más difícil la detección de un diagnóstico, su menstruación irregular en demasía le impedía ciertos estudios, lo cual la deprimía y hacía abandonar consultas una y otras veces.

La perseverancia y apoyo de su amiga y vecina la empujaban nuevamente a cada estudio hasta que el especialista y jefe del programa de atención a la pareja infértil en la provincia, Ángel Ramos Casamayor le recetó Clomifeno, un inductor de la ovulación.

Luego de unos meses tomando ese fármaco apareció una rara hinchazón en sus piernas y mareos. Grisell, asustada, buscó al médico quien al practicarle un ultrasonido le dijo:

Médico: “Lo lograste. Ahora tienes que cuidarte mucho para que todo salga bien. Sabes que a tu edad hay riesgos, por eso ahora la dieta rigurosa y la mente libre de estrés son fundamentales”

Grisell: “Médico, este es hijo suyo también. No sabía a quien contarle porque ese día fui sola al hospital. No sabía si llorar, si reír o saltar. al llegar a mi casa y dar la noticia todos sintieron dicha…”

En este punto de la historia Grisell contagió a su entrevistadora con llanto. Veinte semanas de embarazo le saben a gloria y aunque una diabetes gestacional le obliga a rigurosas dietas más el ingreso bajo vigilancia médica, prefiere verse en el sitio seguro para ella y su futuro bebé. A ello le suma altas dosis de buen ánimo y positividad

Girsell “Claro que me voy a cuidar porque después de tanto sufrimiento y estudios quiero que todo salga bien y que mi hijo nazca sano. Quiero tener un embarazo y parto felices, bonitos.”

Pronto le dirán si su hijo es hembra o varón, pero luego de tanta espera, Grisell Fajardo no le exige sexo a la cigüeña, solo le pide salud porque gente para ayudarla abunda.

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