La música de la vida

Adoro la vida y la música
Adoro la vida y la música

Les presento a Isaac Alfonso Ambríz Méndez, un guantanamero de cuatro meses de edad, cubano por su madre, mexicano por su padre; ambos con perfiles profesionales de salud.
Quien ve la foto no imagina que este pequeñín tuvo un altercado con la muerte durante el primer mes de su vida.
El niño aspiró líquido amniótico meconeal, sus pulmoncitos se llenaron de mecóneo y tenía dificultad para respirar, una patología grave en un recién nacido. Su madre, Lianet Méndez, recuerda la agonía luego del parto cuando no sintió a su hijo llorar mientras su esposo Carlos Alfonso Ambríz, recién graduado de Medicina General Integral en la Universidad de Ciencias Médicas de Guantánamo, reprimía sentimientos y colaboraba con médicos y enfermeras a dar cuidados especiales al bebé.
recién nacidoDiecisiete días absorbieron a los familiares del nene en una atmósfera de miedos y llantos, dudas y la siempre esperanza de un milagro. En la sala de terapia intensiva neonatal, considerada la mejor de Cuba, el afán de especialistas se hacía notar con la recuperación día a día de aquel niño de siete libras y media bajo supervisión y suministro de antibióticos constantes.
Fueron días de espera, empeño, oraciones y resignación.
Hipertensión pulmonar, hemorragia y neumonía secundaria, complicaban la salud del pequeñín, ataviado de sueros, respirador artificial y otros equipos, pero a cada sacudida esperada, le replicaban los especialistas dosis medicinales. Era una dura batalla.
Por fin venció la ciencia y el empeño común. Al fin Lianet, madre del niño, después de una espera que parecía interminable, cargó y amamantó por vez primera a su hijito, a su Isaac del alma.
Muchos bebés como él pasan situaciones similares o peores, sin embargo, la supervivencia de esos neonatos es digna de resaltar, toda una proeza humana y médica en esta provincia que marca el final de una isla caimán con un sentimiento maternal enorme y unas ansias de lucha, de victoria, de empeño común infinitas.
Cada historia verídica de este tipo, se llena de besos y eternos agradecimientos junto a la dicha de sus hacedores.
Hoy, Isaac es este bebé de más de doce libras que se adelanta a su tiempo en gestos, movimientos de agarre y muestra con frecuencia una sonrisa contagiosa ante la felicidad de formar parte de este mundo, de compartir un espacio armónico junto a sus padres, abuelos y tíos, además de disfrutar de una de las maravillas de la vida: la música.

Sigo una ruta musical
Sigo una ruta musical

Hoy, como casi todos los días porque lo tengo en casa, Isaac me pega su alegría y ganas de escuchar una música tierna y sugestiva como la de Buena Fe, Polito Ibáñez o, mejor aún, de Silvio Rodríguez, en especial, el tema “Cayó una estrella”
Cayó una estrella
una hebra de diamantes por el cielo
y un niño la encontró
y se le vió reír
y pidió para diez
y pidió para mil,
cien mil
y todos.

Cayó una estrella
Cayó un cabello
cayó un destello,
cayó una sonrisa
de plata en la brisa,
cayó una canción.

Cayó una estrella
cayó un cabello
cayó un destello,
cayó una sonrisa
de plata en la brisa,
cayó una canción.

edi1

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Un comentario en “La música de la vida

  1. Otra historia de vida, que hermosa la sonrisa de Issac, me alegra verlo tan saludable. seguro cuando sea grande escuchara de ti o de sus padres esta historia, huella de vida.

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