LA ATADURA DE LOS MITOS EN LA SEXUALIDAD

Somos esclavos de nuestros mitos
Somos esclavos de nuestros mitos

El siglo XXI se coló en nuestras casas y trajo un montón de ideas novedosas para proseguir la vida. Nos pide a gritos un autofocal a los mitos y creencias que nos atan a ideas falsas acerca de la sexualidad, sin embargo, seguimos sordos, mancos y ciegos ante verdades evidentes.
Resulta paradójico que la mente conserve contenidos equívocos ante la avalancha informativa y educativa que nos regalan en escuelas, instituciones culturales, medios de difusión masiva y sitios de intercambio con profesionales de la salud y la sexualidad presentes en diversos espacios públicos.
Para entender mejor el asunto demos una mirada a los mitos asociados a la masculinidad:
Al hombre, desde que nace, se le impone el azul de vida y se le vedan los sentimientos asociados al llanto o la ternura porque minimiza su virilidad. También se le aconseja desde pequeños tener varias “jevitas” porque es de machos bien machos; y por supuesto la idea de ser padre para preservar el apellido de la familia. ¿Resultado? Un Pedro o Carlos machista, promiscuo, obligado a retorcer su alma cuando el amor le traiciona, dispuesto a aguantar y demostrar su peligrosa hombría. Si por desgracia los espermatozoides no le cumplen, entonces ahí comienza otra historia de vida tortuosa que le depara prejuicios y devaluación social.
Asombra saber que el conocimiento está sobre la mesa, el armario, frente al ordenador y preferimos ser fans de los mitos y creencias creadas por… ¿quién sabe? Todos y ninguno con información verídica.
A la pobre mujer le tocan los matices rosados, el ser romántica y tierna, con una pasividad erótica para ser aprobada como esposa, no tener la iniciativa en el sexo desde que inicia sus relaciones hasta la menopausia porque después de eso, se acabó la diversión. Si se le ocurre imitar al hombre en la infidelidad se le acuña lo de liviana y otros apelativos más agresivos.
Reina la dicotomía. ¿Cómo es posible que ignoremos el funcionamiento de nuestro aparato reproductor?… ¿Cómo es posible qué ante el cambio de pareja confiemos nuestra vida al placer de momentos? ¿Por qué obviamos la información actual? ¿Por qué nos acercamos a las creencias de antaño que tanto constriñen nuestro comportamiento?

En resumen, el imaginario popular enmarca los pasos de vida de hombres y mujeres, los inhibe de una adecuada comprensión de su sexualidad y estereotipan conductas que afectan su salud sexual vista como estado completo de bienestar físico, mental y social.
De esos mitos emergen las diferencias que empañan la armonía entre ambos sexos, tornan robots sin libertades a las personas precisadas a hacer lo que dicta la norma social y quitan el aliento de felicidad a sus esclavos.
Contrastemos los antivalores de esas creencias populares con el saber ideal que está a nuestro alcance desde libros, profesionales de salud y sexualidad así como toda persona empoderada de conocimientos acerca de este tema; se nos hace urgente ejercer nuestro derecho a una sexualidad satisfactoria.

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