Periodismo, desde el microbio hasta la nube

Por: Naily Barrientos Matos
“Nadie que no la haya padecido puede imaginarse esa servidumbre que se alimenta de las imprevisiones de la vida. Nadie que no la haya padecido puede imaginarse siquiera lo que es el pálpito sobrenatural de la noticia, el orgasmo de la primicia, la demolición moral del fracaso. Nadie que no haya nacido solo para eso y esté dispuesto a vivir solo para eso, podría persistir en un oficio tan incomprensible y voraz, cuya obra se acaba después de cada noticia, como si fuera para siempre, pero que no concede un instante de paz, mientras no vuelve a empezar con más ardor que nunca en el minuto siguiente.”
Así definió uno de los hombres más próximos al mundo de la fantasía y lo fabuloso de las letras americanas, el ejercicio de la práctica periodística. Para Gabriel García Márquez, un escritor que ha tocado con sus libros el alma de millones de lectores, el periodismo es tan apasionante como el mundo de la literatura.
Tal vez será por esto que no ha dudado en utilizar su pluma también desde esta profesión; sin dudas el Gabo vive entre los personajes maravillosos de sus obras y la realidad de los hombres.
Es una profesión que desvela a quienes sueñan con ella. La labor del profesional de la prensa es tan abarcadora y compleja, como hermosa y humilde.
Y es que ejercer el periodismo implica un poco de todo: astucia, temor, pasión y compromiso porque exige mucho. Es una profesión en permanente labor de superación; un ejercicio constante de la mente para devorar cada acontecimiento de la realidad con la mayor veracidad.
El profesional de la prensa debe conocer desde el microbio hasta la nube -diría Martí, uno de los más grandes reporteros cubanos.
Y es que el periodista debe tener oído fino para auscultar el sentir popular, unos ojos siempre abiertos para advertir la realidad, manos sensitivas y corazón despierto para tocar los acontecimientos más duros con las palabras más bellas y hasta cierto encanto para seducir con su trato a la gente y las palabras.
De manera que quienes hacen del ejercicio de esta profesión su vida, precisan de buenas dosis de amor para vivir entre el pálpito de lo inesperado, la tensión de cada entrega y la satisfacción de conmover con voz, pluma, imagen y palabra el corazón del pueblo; juez y destinatario de cada trabajo.

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