Orígenes de mi Guantánamo

Por Katy Cruz
Tierras vírgenes, naturaleza pródiga, ríos y la existencia de más de 40 haciendas dedicadas al trabajo agrícola, llamaron la atención de un conde hacia el Guantánamo que existía en el siglo 18, cuyos planes referían la materialización de un proyecto de desarrollo de cultivos de café, azúcar y tabaco para comercializar gracias a las potencialidades de su bahía. La escasez de recursos por parte de la corona española, las dudas acerca de los resultados de la inversión, la oposición de los hacendados y otras razones, dejaron en palabras aquel proyecto que más tarde se retomaría.
En 1802, llegan los franceses y la bautizan con el nombre de Santa Catalina quienes se empeñaron en explotar aquellas tierras con plantaciones de café, frutas menores y algodón, hasta que en 1819 España decide enviar una segunda expedición y retomar sus planes de comercio.
Así Santa Catalina del Saltadero, como también la nombraron, se convierte en un sitio que acogía a inmigrantes de varias partes del mundo, lo cual influyó en el crecimiento de su población y en su desarrollo económico-cultural, hasta que en 1870 recibe por fin la categoría de Villa por la prosperidad alcanzada en el decursar del siglo 19.
Dos décadas después, asoma a la historia de Guantánamo Pedro Agustín Pérez y un grupo de patriotas alentados por el deseo de alcanzar la independencia del país, quienes realizan el alzamiento en la finca La confianza el 24 de febrero de 1895 y otros puntos del territorio.
Las potencialidades estratégicas que brindaba la situación geográfica de Guantánamo despertaron las ansias de poder norteamericanas para establecer un control desde esta ciudad hasta el Caribe occidental y ya a principios del siglo veinte imponen su base militar que hasta hoy ocupan de manera ilegal.
Desafíos, luchas estudiantiles y obreras, inconformidades con el gobierno colonial, súbdito del imperialismo, marcaron esa etapa que sufrió nuestro Guantánamo y el resto del país, una historia dolorosa que gracias a la revolución cambió su destino y hoy llena sus páginas de una cotidianidad cuya dicha mayor es la de edificar con dignidad su presente y futuro.

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