El arte cestero: una herencia cultural con historia en Cuba

Por: Katy Cruz
Aliento artístico, manos diestras, voluntad y esmero son cualidades inherentes de un artesano, protagonista en la creación de obras bellas, únicas, variadas.

En Cuba este arte comenzó a desarrollarse a inicios de las dos últimas décadas del siglo 19 cuando emigrantes de las Islas Canarias se asentaron en Matanzas y buscaron sustento económico en la confección de cestas, canastas y otros objetos necesarios, una práctica que se convirtió en herencia familiar.

A este delicado y trabajoso oficio se sumó la familia Hernández de la comunidad de Limonar en el municipio El Salvador, confiesa Lupesio Hernández quien provee de canastas a los recolectores de esa zona e incluso a cooperativistas cuando el cansancio de sus siete décadas le deja recordar las enseñanzas de su madre.

El préstamo cultural isleño obligó en aquel entonces a sustituir muchas de las fibras vegetales que usaban en España por las existentes en la flora cubana como el yarey, la cañabrava, el bambú, la yagua, henequén, el maravilloso mimbre, guaniquiqui, junquillo y otros bejucos.

“No se puede usar cualquier bejuco, no” enfatiza Lupesio, y agrega “yo me meto monte adentro a buscarlos y valoro cuál sirve y cuál no, no pueden ser ni muy suaves ni muy fuertes. A veces encuentro algún bejuco nuevo y voy probando a ver si es útil. Tampoco se puede dejar mucho tiempo guardado y los protejo del sol.”

Testimonios de artesanos como el de este guantanamero revelan que la faena es difícil: lo primero es localizar y seleccionar las fibras adecuadas, saberlas conservar para luego tejer un regalo hermoso a la vista y útil a la vida.

El noble arte de entrelazar fibras de origen natural impone destreza y habilidades que generalmente se transmiten por herencias culturales dentro de una familia, así mismo la preferencia en la elaboración de los objetos, por lo que existen quienes se dedican a confeccionar en mayor proporción las canastas, uno de los productos de más uso y utilidad en el mundo artesanal.

En nuestros campos, la canasta, tiene gran valor principalmente para la recogida de café aunque muchos prefieren llenarlas de frutas, viandas u otros productos.

Cual magia que llena sus horas de ocio Lupesio entreteje bejucos y los convierte en estos objetos que son testigos de una de las tareas productivas más importantes de la provincia y el país y aunque sus manos se cansan en la labor no puede dormir sabiendo que muchos recolectores de esas serranías salvadoreñas esperan por sus canastas.
Lupesio Hernández, creador de canastas

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