Una vida dedicada a coleccionar cajas de fósforos

(Por William Urquijo Pascual, AIN)
Corría el inicio de la década de los años 60 del siglo XX, y Francisco Garciandía Palacios disfrutaba de su vida como trabajador portuario de cabotaje en Cayo Francés, pequeña fracción de tierra cercana a la localidad costera de Caibarién.
Una intensa actividad marítima y comercial tenía lugar en la región por aquel entonces, pues las profundas aguas que rodean al islote permitían que fondearan buques de gran calado provenientes de innumerables naciones de todos los continentes.
Entre ese constante ir y venir de curtidos navegantes, un buen día Francisco se topó con su primera caja de fósforos, luego de ver cómo un marinero encendía un cigarro; así comenzó una singular colección que media centuria después cuenta con miles de ejemplares.
Residente en Caibarién y próximo a cumplir los 84 años, el venidero 14 de agosto, Garciandía califica su recopilación de envases para cerillos como un vehículo de cultura, fruto de una tenaz búsqueda y paciente conservación.
Diversos motivos referentes al desarrollo de la humanidad se aprecian en la curiosa muestra, entre ellos personajes famosos, estrellas de cine, consejos astrológicos, edificios emblemáticos, productos comerciales, flora y la fauna de distintas regiones del mundo, deportes y arte cubano y universal, entre otros.
Debido al inexorable paso del tiempo, ni siquiera el propio Francisco recuerda ya de cuántos países provienen los objetos de su colección, aunque una rápida ojeada permite distinguir ejemplares de disímiles naciones.
En la extensa lista se incluyen cajas procedentes de Italia, Francia, España, Grecia, Alemania, Suiza, la extinta Unión Soviética y otras naciones del antiguo campo socialista, Canadá, Estados Unidos, Argentina, Indonesia, Japón, y muchas más que se escapan a la memoria del coleccionista.
Millones de personas en el mundo practican el coleccionismo, afición que consiste en la agrupación y organización de objetos de una determinada categoría, en dependencia del interés o gusto particular del individuo.
Este pasatiempo puede abarcar las más variadas temáticas, pero la alta popularidad de algunos tópicos ha propiciado el surgimiento de redes para facilitar la compra-venta y el intercambio de ejemplares de interés para los aficionados a su práctica.
La Filatelia (sellos) y la Numismática (monedas) se encuentran entre las variantes más extendidas a nivel global, aunque cualquier elemento natural o fruto de la creación del ser humano puede constituir el centro de interés de un coleccionista.
Así lo demostró Francisco Garciandía Palacios, devoto exponente de la Filolumenia, como se conoce en el ámbito especializado al arte de reunir y atesorar cajas de fósforos.
Tras medio siglo de ininterrumpida labor, este octogenario amante del mar residente en el poblado costero de Caibarién, quizá posea una de las más amplias colecciones de este tipo de envases de las que se tengan noticias en Cuba.

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